HINOJAL EN LOS AÑOS 50
Mi primo hermano Marciano Rivero Breña acaba de publicar
su autobiografía titulada “Las primeras lluvias”, en la que cuenta sus recuerdos
y experiencias de su niñez en nuestro pueblo natal, en Hinojal, situado en la
comarca cacereña de los Cuatro Lugares.
El libro se abre con varias dedicatorias, siendo la primera
de ellas: “A mi pueblo, con su gente que se muere sin remedio en la España
vaciada de hoy”. Hay otra dedicada a nuestros abuelos paternos: “A mis
abuelos Pepe y Alejandra, que me inculcaron el impagable hábito de la lectura”.
El libro, en palabras de su autor es “un ejercicio de nostalgia para los
que nacimos en los años 50…” Puedo decir lo mismo, yo nací en ese pueblo de
la provincia de Cáceres, en los años 50 y antes de que acabase la década mis padres
(sus tíos José y María Cruz) se trasladaron a Brozas. Yo, con pocos años, no
tenía elección, Así que siempre digo que tengo dos pueblos: Donde nací
(Hinojal) y de donde soy (Brozas), aunque después a lo largo de mi vida
profesional viviera en Mallorca y Madrid y pasara buena parte de mis actividades
turísticas en unos 50 países.
Es una interesante obra dedicada a lo que fuera un pueblo
extremeño en estas décadas. En sus doce capítulos, el autor refleja la sociedad
propia de Hinojal, tanto desde el campo religioso al de la formación de niños,
sin olvidarse de los trágicos momentos de la desgraciada Guerra Civil que dividió
a los españoles.
Hay
momentos de tristeza, como cuando habla de los muertos y de sus entierros y momentos
de alegría, como las fiestas de San Sebastián y sus soldados de Regulares con
sus clásicos gorros rojos y disparos de fogueo al aire tras cada estrofa
cantada por esos jóvenes, o la de Santo Toribio, el Patrón del pueblo, o las de
agosto, llenas de gentes, con sus clásicos toros en la antigua plaza mayor,
donde yo mismo recuerdo haber estado alguna que otra vez subido con mi familia
en unos carros que servían de talanqueras y toreaban los maletillas llegados de
no sabemos de dónde, pero que pasaban con el capote abierto en el que los hinojaliegos
les echaban unas monedas para poder sobrevivir.
Indudablemente.
Marciano Rivero ha sabido plasmar para todos, en un precioso castellano, con
algunas palabras propias del terruño, una radiografía del Hinojal de los años
1955 a 1965. Unos momentos difíciles para un pueblo que hoy forma parte de la
España vaciada. A comienzo de los años 50 tenía más de 2.100 habitantes y tras
tanta y tanta emigración, ese es su último capítulo, que hoy solo cuenta con
poco más o menos 300 hinojaliegos, mucho de ellos muy mayores. ¡Una verdadera pena!
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